De fronteras, martirios, estrellas y héroes.

San Lorenzo llora en las noches de agosto por todos aquellos leprosos, pobres, enfermos, huérfanos, mendigos, que no pudo salvar, no logró convencer a la iglesia de que ellos eran su mayor tesoro, y fue quemado vivo. Cada año del cielo, por estas fechas caen cientos de estrellas fugaces desde la Constelación de Perseo, son las lágrimas de San Lorenzo.

En su constelación, Perseo levanta la cabeza de la Medusa y nos petrifica con su inexorable mirada, así muchos, vertiginosamente quietos, repiten: “hoy hoy hoy hoy” como las chicharras en verano.

San Lorenzo sigue llorando, año tras año, no bastó su martirio para terminar de sufrir, pero su empeño sigue vivo, hay, como siempre, mucho dolor al que hacer frente.

Perseo, gracias a los atributos cedidos por los dioses: la capa invisible, el escudo de Atenea y las zapatillas aladas de Mercurio, vence al monstruo mirándolo indirectamente para darle muerte.

Víctima y Héroe: San Lorenzo, Perseo. Uno nos da un motivo, nos pide integridad, cordura, el otro nos da las herramientas para domeñar a las fieras, para doblegar a los monstruos, ambos cada año nos envían sus señales.

Hoy vuelvo a la frontera, en algún lugar de nuestro ADN está implicito el viaje forzoso, el punto cero. Pero se nos olvida, por eso San Lorenzo llora. La humanidad es un grado de excelencia que se consigue sólo ofreciendo la mejor versión de uno mismo.

Hay dos frases de dos grandes amigos que me acompañan estos días, una es: “el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando”, y la otra: “no hay nada más valioso que lo que puedas salvar de tu propio naufragio”.

Nadie me ha obligado a irme de mi país, ni he tenido que pedir permiso para marcharme, nadie me ha pedido cuentas ni preguntado a qué vengo, he tenido la suerte de cruzar de un país a otro sin más, y aún así, no dejo de ser refugiada, sobre todo en el agradecimiento a la calidez de estas gentes que me han acogido.

¿Por qué confundimos la comodidad con el logro? a mayor número de objetos mayor éxito, y me imagino a muchos como la tortuga Clementina, llenos de cosas en su caparazón y sin poder cambiar ni ser libres, el mayor logro una vez adultos es que las personas ocupen el lugar que merecen como seres humanos, el verdadero tesoro somos nosotros, nada de lo que podamos atesorar es comparable a una amistad, a un compartir. Como dice mi querida Ali: “todo lo que no se da se pierde”.

Calvino, Italo. “Seis propuestas para el próximo milenio” Ed Siruela.
http://www.siruela.com/archivos/fragmentos/SeisPropuestas.pdf

Arturo y Clementina. Ed. Kalandraka.
http://www.kalandraka.com/fileadmin/images/books/dossiers/Arturo-y-Clementina-C_01.pdf

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